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Jul

Llevo unos años observando que según se acerca la temporada de verano, punto álgido para nuestro sector, empiezan a también los distintos conflictos en el mismo. No sé porque, cuando uno tiene que estar centrado en vender, parece estar más centrado en la polémica.

El año pasado el hit del verano fueron los cambios de precios por fluctuaciones en el precio del carburante. Ya se estaba preparando en primavera, pero el colofón fue en el verano. Cuando ya parecía que todo el mundo tenía claro que el carburante podía subir todos los días, y por tanto, modificar los precios todos los días, llegan algunos proveedores y dicen que ellos no lo suben, que lo asumen y así afrontan su política comercial para el verano.

Este año, hemos tenido muchos hits, pero desde luego se lleva el premio el tema de los precios: ofertas de última hora, regalos, paga en la vuelta, etc.

Hoy leo en diversas publicaciones del sector , que no hay unanimidad en cuanto a la legitimidad comercial de estas variaciones tan escandalosas de precios. Los que están a favor son, evidentemente, aquellos que las hacen: grandes grupos y operadores. Y los que están en contra: prácticamente el resto de operadores, y las agencias de viajes.

En algún que otro momento, yo misma me he cuestionado públicamente la operatividad de estas campañas comerciales.

Unos alegan “dumping“, otros “estrategias comerciales”, otros consideran que se “mueve la cosa”. Las agencias no dan abasto entre tanta oferta y regalo, y el consiguiente regateo del cliente. Y para colmo de males, en tiempos difíciles no se presta especial atención a la ley, y esto da lugar a las consiguientes denuncias por intrusismo.

Este es el hit del verano, pero voy a ser un poco bruja y voy a adelantar cuál va a ser el hit del invierno:

Es invierno, hace frio, ya no hay tantos clientes (ni somos tan optimistas).

Todo el sector está bajo mínimos, no sólo hace frio, sino que tampoco hay caja. No parece que el verano haya producido grandes beneficios, pero los costes se mantienen.

Habrá que afrontar alguna que otra reclamación de los consumidores porque aunque no pagaron el coste, si pagaron un precio, y luego el hotel no tenía suficiente comida, o había otro cliente que tenía un trato mejor y en su habitación tenía jacuzzi (¿será porque pago más?), o la low-cost llegó tarde y perdió un día de vacaciones (o de trabajo, casi peor según están las cosas).

También habrá que afrontar alguna que otra inspección de consumo: las ofertas no estaban tan claras como corresponde, y las tasas, a lo mejor, no estaban incluidas en los precios de las superofertas.

O el avión sufre un retraso y hay que pagar una compensación económica al cliente (el cliente ha sufrido un perjuicio económico, el perjuicio económico del tour operador -que ya bajó los precios hasta lo más hondo- o la agencia,  no  cuenta)

También llega Bolkestein, y nuestra correspondiente Ley de liberalización de servicios y actividades profesionales, y antes de fin de año, todas las Comunidades Autónomas tienen que revisar la normativa de las agencias de viajes, para finalmente, liberalizar el sector, con lo cual todas aquellas denuncias por intrusismo del verano, ya no tendrán sentido en el gélido invierno.

Ah¡¡¡ se me olvidaba el problema laboral. Supongo que este invierno tendremos por fin el tan deseado Convenio Colectivo de Agencias de Viajes. Tras casi dos años de retraso, a lo mejor nos llega un texto poco ajustado a la realidad de nuestro sector (¡¡hemos tenido tantos hist en este tiempo¡¡)

Solo de escribirlo ya me está entrando frio.

 

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